Fiesta de la chicharra: un discurso ceremonial para matrimonio

En los Altos de Chiapas, la poesía no es solo un ejercicio estético; es una herramienta sagrada, un puente entre los mundos y una fuerza capaz de persuadir al destino.

“Fiesta de la chicharra: un discurso ceremonial para matrimonio”, del escritor tsotsil Manuel Bolom Pale, nos sumerge en la tradición de la oralitura. Esta obra, galardonada con el Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas 2017, recrea el antiguo ritual donde los padres del enamorado deben presentarse ante la familia de la amada y, de rodillas, ofrecer un discurso de belleza sublime para pedir su mano.

Como bien señala el prólogo, la cadencia de esta recitación tiene el efecto de un conjuro rítmico: es una plegaria donde el sujeto lírico no solo pide, sino que ofrece su propio cuerpo y dolor a cambio del don de la palabra.

A continuación, compartimos dos momentos cumbres de esta ceremonia: la invocación inicial (donde se pide que la lengua se transforme en naturaleza) y el discurso final (una desgarradora reflexión sobre lo efímero de nuestra existencia que resuena con los antiguos cantos de Nezahualcóyotl).

I. Solicitud de palabras (La invocación)

Divina señora, que estás en el cielo; divina señora, que estás en la tierra; dueña del firmamento, dueña del mundo. Luna, madre divina, que estás en el cielo; luna, madre divina que estás entre jaguares; dueña del cielo y de la tierra… dueña de los vientos dueña de la llanura.

He venido caminando bajo las hojas de los viejos árboles mojándome con la lluvia de ayer con los marañones del bosque con las avecillas, amarillas, naranjas, bajo el árbol nido de pájaros que vuela en el color del horizonte como la brasa resplandeciente en el fogón nocturno, vaya hacia ti la palabra de selvas y orquídeas simientes estrellas, bejucos espiralados, caudal de ríos, hojarasca de ruidos.

Desde lo oscuro de mi corazón he venido a mirarte he venido a arrodillarme he venido a hablarle a que me untes de palabras sabias a que el espumarajo de las hojas se pegue en mi garganta a que se transforme en orquídea esta lengua y la voz en canto de cenzontle.

[…]

¿Y si la palabra fuera más que el aire en el ulular del viento? ¿Y si no existiéramos, sólo la palabra? ¿y si estuviéramos amasados por sonidos que nombran el mundo?

II. Discurso final (La fugacidad de la vida)

Señores y señoras familiares linaje aquí estamos congregados aquí estamos aglomerados aquí estamos amontonados la vida vive sin consultarnos y sueño ser el que habla para romper el palpitar del ansia y sentirse acompañado un día más y partiremos una noche bajaremos de puntillas hasta la región descarnada.

En fin, de paso nos hemos conocido los unos a los otros por espacio de toda una pequeña vida.

Han sido buenos estos años, estos tiempos mientras duraba nuestro caminar mientras duraba el chapoteo de los recuerdos resbalando por el acantilado quedando grabado en la memoria de la piel para quienes, al menos tomábamos el tiempo con un vaso de atole tomábamos el tiempo con un vaso de café tomábamos el tiempo con un vaso de pox pero no podemos vivir todo el tiempo ¡ah, si uno viviera los siglos de los siglos!

Pero no, no podemos cambiar el curso de los sagrados astros no podemos cambiar el curso de la sagrada luz no podemos cambiar el curso de la sagrada naturaleza por lo que trascurre lo efímero es la mirada que penetra en la piel para llevarnos al barro que dará la paz.