“Tzintzuntzan”

Hay libros que no solo se leen, sino que se escuchan como un latido. “Tzintzuntzan”, del poeta mixteco Kalu Tatyisavi, es uno de ellos. Galardonado con el Premio Nezahualcóyotl 2012, este poemario es un viaje a través de tres tiempos: la fundación nómada de los Anteriores, la ruptura de la conquista y el exilio contemporáneo.
Lo más sorprendente de esta obra es su gesto de hermandad continental: el autor, hablante de Tu’un savi (lengua mixteca), elige dialogar con la lengua p’urhépecha para nombrar su libro, tejiendo un puente entre dos cosmovisiones. “Tzintzuntzan” significa tres flechas, tres colibríes, tres compases: el ritmo de un corazón que se niega a callar.
En el poema XXIX, el poeta baja la guardia y confiesa sus miedos más profundos. No es el miedo a la muerte, sino el miedo a perder la palabra, a que su lengua sea devorada por el silencio, a convertirse en un extraño en su propia tierra. Es, quizás, uno de los poemas más honestos y desgarradores sobre la resistencia lingüística en México.
Tengo miedo
(Extracto de “Tzintzuntzan”)
Tengo miedo, de que estos versos me hagan tragar mis palabras abandonar el juego de pelota, llamarme mixteco para siempre tengo miedo de que el dedo índice hable con el anular para quedarme colgado en el árbol tengo miedo que se den cuenta los andantes que soy dromedario que mis ojos se pierdan para no encontrar a nadie y escribir entre cuatro paredes, por eso he blanqueado mis palabras para que se den cuenta que mi rima no es perfecta y el apóstrofo sea el pasaje del saltamontes
¿Por qué no me acostumbro a ver a los espantapájaros?
Que alguien me diga por qué tiemblo en la petición de lluvia
(la voz tatuada de la Abuela dialoga con las flechas)
[…]
Los nombres de la lluvia son el coro de las flechas y de los colibríes:
Savi Janikua Quiahuitl Chac Para Jallu Ama
Tzin tzun tzan es el grito que acompaña al humo y camina con la chirimía donde se tiende la piel del venado y ríe el jade en el canto de la era
La paloma reposa en mi hombro porque ensaya el vuelo.